Vendrán tiempos mejores.
Con motivo de las elecciones que se avecinan el próximo año para elegir ediles, concejales, diputados, alcaldes y gobernadores, he percibido el fluyente plebiscito de ciudadanos de bien, que desprendidos de toda beligerancia política, cuyo complejo de motivación está exento del potencial odio ancestral que nutre las empresas de partido, que no tienen intereses sino convicciones y por eso se sienten convocados ante la posibilidad de que quienes resulten elegidos en esos cargos, garanticen un gobierno tutelar que de verdad ampare la existencia laboriosa y honesta de aquellos que la han ejercido con intachable fervor.
En cada pueblo yace latente un ritmo interior que cuando las normas que rigen los procesos colectivos tienden a desarticularse, el espíritu colectivo reacciona e impide que los artificios se impongan y es en ese momento en que se presenta el resurgimiento. Infortunadamente ese genio íntimo del pueblo se mantiene muy oculto bajo la espesura de los acontecimientos, su voz es silenciosa, solo audible para algunos hombres, pero que incluso ellos en su afán de acertar se han equivocado de buena fe. Yo que no poseo ese don, creo con relativo optimismo, que en el Tolima están dadas las condiciones para entrar en el amanecer de una época en la que se podrán superar los intereses creados y los viejos odios partidistas, en procura de garantizarle a nuestra región un destino más prospero. Es el momento de convertir los ismos del pasado en un solo continente, congregando a las distintas fuerzas sociales en un solo impulso filial. Es el momento de tender puentes antes que seguir cavando fosos de aislamientos. Cuando el virus de la desintegración se apodera de la gente, debe surgir el instinto de equilibrio social que nos oriente en el camino hacia la unidad regional.
No podemos permitir que continúe, como viene ocurriendo en algunas de las actuales administraciones, que una burocracia inepta y saciada se haya dedicado impunemente, a limpiar en el pañuelo de sus bolsillos hasta la última gota de sudor de quienes con mucho esfuerzo cumplimos nuestras obligaciones con la administración de impuestos. El abuso, el desorden, el despilfarro. Es el resultado de la gestión en un alto porcentaje del gobierno regional y son en estos lugares precisamente, en donde más se evidencia el virus de la facción que tanto daño hace al destino promisorio de nuestra región. No mas artimañas ni engaños, en la consulta a la voluntad popular, debe ser la gente quien espontanea y enérgicamente se pronuncie como resultado de un estado de conciencia colectivo, responsable e irrevocable, ajeno a las maquinarias políticas.
No son pocos los argumentos que tenemos contra estas administraciones, pero entendemos que no podemos utilizar un vocabulario contagiado de rescoldos apasionados, cuando lo que nos incita es un escenario de unidad. Por eso aunque parezcan ciegos, sordos y mudos al clamor regional, nuestra empresa es dirigirnos a ellos empleando un acento conciliador. Sabemos que somos nosotros los que debemos adquirir la virtud del convencimiento, utilizando un idioma en el que todos entiendan las bondades de hacer del Tolima un continente humano que le devuelva su histórico sitial en el plano nacional.
Quienes con inmensa generosidad consideran que he hecho meritos suficientes para que mi nombre sea tenido en cuenta en el momento de elegirse a la persona que irá a dirigir los destino de nuestro departamento en el próximo cuatrienio, saben muy bien que el único animo que me mueve en ese propósito, es el cumplimiento de un deber patriótico con los tolimenses que no me permite permanecer inmóvil mientras tanto riesgo y contingencias rodean el futuro promisorio de nuestro departamento, que es la herencia vinculada de sucesivas generaciones construida con afecto y sufrimiento por quienes nos la legaron. Esto siempre que se den las circunstancias que nos permitan participar en condiciones de igualdad, en donde se acoja como instrumento para la selección de los candidatos un sistema de meritocracia, en el que se tenga en cuenta la formación intelectual, la experiencia en el servicio público además de una serie de valores asociados a la capacidad individual, moral y espiritual de quienes aspiren, y de paso contribuir así con el fortalecimiento de nuestra incipiente democracia.